El trabajo junto a Antonio Campos de nuestra versión de El Lazarillo de Tormes está siendo todo un reto en el que la música forma parte de un todo, haciendo guiños cómicos, dando soporte rítmico a la palabra y construyendo un alter ego en el que la historia pueda apoyarse y entenderse mejor si cabe, resultando una experiencia muy gratificante tanto para los artistas como para el espectador.